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Por Qué el Golf

porquegolf1Grandes espacios, campo abierto y hectáreas de verde naturaleza es el ámbito donde se mueve y ejercita un jugador de golf. A pocos metros de su casa o a varios kilómetros (poco importa) tiene que desplazarse para volver cada día a un nuevo reto, a superar su mejor vuelta o a ganar de una vez a ese amigo que se le resiste desde hace años.

No cabe duda que el golf es un deporte muy especial en el que sobre todo reina el fair-play. Es asombroso ver como cualquiera de los grandes campeones aguanta la presión psicológica, conserva la calma y hasta es capaz de esbozar una sonrisa después de fallar un putt en el que se jugaba millones o quizás toda la temporada y también es admirable ver como un amateur ayuda a su rival a buscar una bola que ha caído fuera de la calle y no la puede encontrar. Escenas que se pueden ver y vivir a diario en un campo de golf o retransmitidas por televisión.

Y es que, además, el jugador de golf es su propio árbitro; él es quien juzga si su bola es o no es injugable, quien decide dropar o no dropar, y su propia integridad  lo que le impide cometer cualquier acto que vaya contra las reglas y que pueda perjudicar a los demás. Deberá conocer las normas dictadas por el Royal and Ancient Golf Club of Saint Andrews por las que se rige el mundo entero. Pero deberá conocer también las llamadas reglas de etiqueta que sirven para no molestar a los demás: dar paso a otro partido si es que juega más rápido, no hacer ruido ni moverse cuando es el turno de otro jugador… es decir, no incordiar a los demás. Por eso a los jugadores de golf  se les llama caballeros y a las jugadoras, damas. Así de bonito.

¿Es difícil? Pues sí, es difícil. Es un deporte de precisión. Unos días se juega bien y otros días se juega mal, sin razón aparente. Unos días sale bien el swing y otros días no tanto y la bola a veces parece que ella sola va hacia el hoyo o por el contrario, se resiste a entrar. La gran mayoría juega  bastante mal pero, valga la paradoja, lo pasa bastante bien. Ya se sabe que los que juegan bien salen en los periódicos y en  la televisión y que también cometen fallos estrepitosos lo cual  puede resultar reconfortante. Es imprescindible tomar clases particulares o apuntarse a un cursillo y dar bolas y más bolas y a fuerza de tenacidad se llega a ser un jugador de golf. La relación entre alumno y profesor también es especial. Se trata de un pro que se pasa una hora todas las semanas corrigiendo al alumno y demostrándole in situ lo facilísimo que es lo que tiene que hacer. Hay alumnos que se van con su pro de escuela en escuela y otros que tienen terror a cambiar.

Cuentan que a Nick Faldo le entró una duda entrenando. Se montó en el coche recorrió 150 millas o así y llegó donde se encontraba John Jacobs dando clase. Se plantó delante, cogió un palo y le preguntó: "Mr. Jacobs am I pointing that tree?"  y Mr. Jacobs contempló el stance de Faldo atentamente y le contestó: "Yes, you are pointing that tree". Con lo cual, Sir Nick Faldo muy contento le dijo: "Thank you, Mr. Jacobs" Se montó en el coche y se volvió por donde habìa venido. La anécdota es absolutamente cierta lo que es dudoso es que se tratase de Faldo pero si alguien lee esto y se acuerda de quien se trataba que me lo diga, por favor.

Victoria Beamonte